27 años
#1398
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18/01/2026 10:57
Mi abuelo Julián nunca fue de muchas palabras. Se levantaba antes del amanecer, hacía café cargado y salía al patio con su perro Bruno, un mestizo viejo que cojeaba de una pata. Ahí se quedaban horas, él sentado en una silla de plástico y Bruno a sus pies. Cuando mi abuela murió, Julián dejó de entrar a la casa por las tardes; decía que el silencio adentro dolía más. Un día lo encontré hablándole bajito a Bruno, contándole cómo se conocieron, cómo lo recogió de la calle después de una lluvia. “Vos sos lo único que entiende”, le dijo. Meses después, Bruno murió dormido. Mi abuelo volvió a entrar a la casa, puso la silla junto a la ventana y siguió tomando café en silencio. Nunca lo dijo, pero se notaba: Bruno lo sostuvo cuando nadie más pudo.

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