29 años
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18/01/2026 10:59

Mi mamá vendía empanadas afuera de una escuela desde las 6 de la mañana. Lloviera o hiciera sol, ahí estaba, con su banquito y su termo. Yo me avergonzaba cuando era chico y pasaba rápido para que nadie la viera. Años después, el día que me gradué de ingeniero, ella llegó tarde al auditorio, con las manos aún oliendo a masa y fritura. Cuando dijeron mi nombre, la busqué con la mirada y la vi llorando, aplaudiendo como si hubiera ganado un mundial. Al salir, me abrazó fuerte y me dijo: “Todo valió la pena, mijo”. Ese día entendí que mientras yo estudiaba, ella también se estaba graduando conmigo.

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