22 años
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Hace 35 minutos

Me gustaría confesar algo (aunque suene a drama adolescente jajaja): Realmente amo este mundo. Me encantan las criaturas que residen en él, todos los paisajes que no conozco, el arte que me ayudó tantas veces, algunas personas y muchos de los colores que no logro ver; incluso los charcos de barro en el piso, las piedras que nos marcan el camino a diario o las flores que te contagian con su aroma. Pero a diario siento que no pertenezco. Siento que el atardecer ya no es el mismo. Las noches de verano no me refrescan como antes. Los días no me emocionan y me refugio en historias ficticias, en mis mascotas y en observar el mundo. Cualquier cosa es mejor que pensarme. Porque cuando miro hacia adentro, no encuentro nada más que vacío; una podredumbre que empeora con cada día que pasa. No puedo encontrar una justificación válida. Tampoco merezco el afecto de aquellos dispuestos a compartirlo. Cuando me siento completamente perdida suelo observar el cielo por las noches. Me gusta observar las bellas y maravillosas estrellas. A veces, solo la inmensidad del universo empequeñece un poco la inmensidad de este vacío. Pero otras veces no es suficiente. Como ahora. No sé muy bien cómo expresar todo mi malestar sin agobiar ni espantar a quien está dispuesto a escuchar.

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