30 años
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02/02/2026 00:03

Trabajé tres años enteros en la construcción, turnos dobles, domingos sin parar, comiendo lo justo para ahorrar cada peso. El día que junté lo necesario, entré al concesionario con las manos sudadas y el corazón latiendo fuerte. Elegí el rojo 0 km, brillante, sin un solo rayón, olor a nuevo que mareaba. Cuando firmé los papeles y me dieron las llaves, me temblaron las piernas. Lo manejé despacio hasta casa, con la radio bajita y la ventana abierta, sintiendo que por fin había llegado a algún lado. Al estacionar frente a la puerta, mi mamá salió descalza, se tapó la boca y empezó a llorar sin hacer ruido.

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