18 años
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04/02/2026 19:47
En mi casa de Oaxaca aprendí que el dinero casi nunca alcanzaba, pero el amor siempre se multiplicaba; mi mamá cosía ropa ajena hasta la madrugada y mi abuela vendía comida afuera de la escuela. Yo empecé a trabajar joven, guardando cada moneda con el sueño de poner un pequeño negocio familiar. El día que abrimos nuestro local, vi a mi mamá llorar en silencio mientras acomodaba la mercadería, y entendí que no lloraba por cansancio, sino porque por fin la vida nos estaba dando un respiro.
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