40 años
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01/12/2025 14:16

Le presté dinero a mi compadre, el padrino de mi hijo, para que pudiera salvar su pequeña tienda de abarrotes. Era una cantidad que me dejaba en ceros, pero lo hice por la amistad y por el parentesco sagrado. Tres meses después, la tienda estaba floreciendo, pero él se hacía el desentendido con mi deuda. Yo empecé a desesperarme; necesitaba el dinero para la renta. Finalmente, un día de pago, me presenté en su tienda. Él me ignoró, atendiendo a la fila de clientes con una sonrisa burlona. Esperé hasta que se fue el último cliente y le exigí el dinero. Él se puso furioso, gritándome que yo era un 'usurero' que quería hundirlo. Al día siguiente, regresé con el camión de mudanzas y la orden de embargo que había conseguido a escondidas. Vi cómo sacaban su nevera, su caja registradora, mientras su esposa lloraba y mi ahijado me miraba con ojos llenos de odio.

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