En Halloween, los hijos de mi cuñada dijeron que uno de ellos se iba a disfrazar de “Trump autista”. Cuando escuché eso, me sentí muy mal. Ellos no lo sabían, pero yo soy autista nivel 1. No dije nada. Me quedé callada. Desde siempre hago un gran esfuerzo por parecer “normal”. Imito conductas, controlo mis reacciones y trato de encajar para que no me vean como la rara. No lo hago perfecto, pero lo intento todos los días. Por eso me dolió tanto escuchar ese comentario. También me afecta ver en TikTok muchos videos que se burlan o trivializan el autismo. Para otras personas puede ser un chiste o una moda. Para mí es algo real y difícil. Ser autista no es algo gracioso ni un disfraz. Es algo con lo que vivo y que me cuesta más de lo que la gente imagina. A veces solo quiero existir sin tener que esconder quién soy para que me acepten.
26 años
| EE.UU.
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