29 años | Chile
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Nunca le dije a mi mamá que fui a verla sola. A las tres de la mañana me paré frente a la panadería del barrio, con frío y sueño, solo para mirarla trabajar. La vi sacar el pan dorado, limpiar la vitrina y saludar a los primeros clientes como si no llevara horas sin dormir. Cuando uno se quejó del precio, ella sonrió igual. Al amanecer, salió con harina en el delantal y me vio. No dijo nada, solo me dio una marraqueta caliente.

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