28 años | Venezuela
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Mi hermano menor llegó de sorpresa esa tarde de sábado, con la mochila al hombro y cara de quien viene huyendo de algo. No dijo nada al principio, solo se sentó en el sillón viejo y miró el piso. Yo estaba cocinando arroz con pollo, como siempre los fines de semana. Le puse un plato enfrente sin preguntar. Comió despacio, en silencio. Cuando terminó, se levantó, me miró fijo y dijo: “Gracias, hermana. Mañana me voy temprano”. Quise abrazarlo fuerte, como cuando éramos chicos y él se caía de la bici, pero me quedé tiesa con las manos en el delantal. Solo le dije “cuidate”. Se fue al amanecer sin hacer ruido. Nunca más volvió a casa.

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