26 años | México
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Mi tía Rosa siempre defendía a su yerno, decía que era “un buen muchacho”, hasta que una tarde lo vio en el mercado con otra, bien agarraditos de la mano. No dijo nada. Esperó a que llegara la noche, preparó el almuerzo del domingo y, cuando toda la familia se sentó a la mesa, le sirvió al tipo su plato con una sonrisa. Luego le puso enfrente la foto que le tomó en el mercado y dijo: “Buen provecho, infiel”. Silencio total. La sopa se enfrió, y el tipo nunca más volvió.

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