30 años
| Perú
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Le hice daño sin querer bueno tal vez no concientemente la engañe, y por orgullo nunca pedí perdón, pasaron los años y me enteré de que se fue del país, un día, en medio de la calle, alguien me tocó el hombro, era ella, me sonrió y dijo: “Ya no te guardo rencor”, no supe qué decir, hay perdones que llegan cuando uno ya se cansó de castigarse solo.
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