30 años
| Perú
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Yo me tengo que levantar a las tres y media, cuando la verdad es que la ciudad sigue dormida y hace mucho frío mientras estoy preparando la masa y el café. El esfuerzo se siente mucho en los pies después de pasar seis horas de pie, y es pesado cargar el termo gigante hasta la esquina. La gente pasa muy rápido, compran y se van. Y sí, a veces me agarra la lluvia o tengo un mal día de ventas, y eso frustra mucho. Pero luego llego a casa y ver la mesa puesta, ver a mis hijos desayunando tranquilos, eso me quita el dolor después hago el almuerzo. Al final, no lo hago solo por el dinero, sino por la tranquilidad de que ellos tengan su plato de comida todos los días.
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